En sus ojos tristes y apagados ya no quedaba ni un ápice de inocencia, se sintió obligado a madurar a marchas forzadas por culpa de la arraigada cultura de su lugar de origen, sin lugar a dudas un atraco a mano armada a su efímera infancia ya volátil.
Fue aleccionado sin respiro a empuñar un arma entre sus diminutas y frágiles manos, con una instrucción clara: "Tu vida o la suya".
Día y noche, era empujado a salir al infernal campo de batalla, intentando con suerte, sobrevivir a la masacre, sin apenas comprender qué había hecho él para encontrase allí, en aquella guerra sin tregua.
En ocasiones, cerraba fuertemente los ojos, deseando que al abrirlos todo hubiese sido una pesadilla y así poder estar de nuevo con su añorada familia ,pero lo hacía en vano...
Nada quedaba del pan recién horneado que hacia su madre cuando se levantaba ,o del alboroto de sus hermanos jugando bajo la ventana, ni mucho menos de los dulces besos por la noche cuando se acostaba...
Un fatídico día, un escalofrío estremecedor recorrió todo su pequeño cuerpo, anunciando un presentimiento desolador... sintió que ya no le quedaba NADA ni NADIE...
El mundo se le vino encima, sus ojos vacíos se abrieron como platos durante segundos, después, su vista deambuló perdida entre el fuego cruzado en el que se hallaba inmerso. Y allí, arrodillado, estalló por momentos lleno de rabia, destrozado...lanzó la mirada al frente, como un rayo fulminante, sus pupilas destellaban vibrantes llenas de ira. Se levantó...y con paso firme se plantó desafiante frente al enemigo,en ese mismo instante...
¡Se escuchó un disparo! y como si de un insignificante muñeco de trapo se tratase, su delicado cuerpo cayó desplomado. Por sus mejillas, resbaló un río de lágrimas, a la vez que al unísono exhaló aliviado...el último suspiro.

Bravo!!!!
ResponderEliminarEste relato está trabajado y muy bien!!!!! Enhorabuena!!!
q bonito....muy bien¡¡
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