viernes, 5 de agosto de 2016
LA SALIDA
De repente, alzó la mirada y se quedó totalmente inmóvil, como de piedra, su mente no llegaba a entender cómo, ni por qué había sucedido...
Sintió una mano fría,algo menuda,que estaba tomando la suya, suplicando, sin éxito, que volviera de su estado ausente.
Estaba inmerso en un profundo vacío, nada ni nadie podía sacarle de aquella espiral, se sentía solo, muy solo, entre la abundante muchedumbre que deambulaba a su alrededor ...
Se había esfumado para siempre su única conexión con la vida, la que tanto había tardado en encontrar, aquella que suele brillar por su ausencia y que pocas veces se encuentra en otra persona, su mundo se estaba tambaleando en cuestión de segundos...
Al poco tiempo,volvió a sentir aquella mano menuda, pero esta vez acariciando suavemente su rostro, como si de un pañuelo de seda resbalando por su piel se tratase, intentando de nuevo, que éste volviera a retomar,aunque sólo fuese por un momento, un ínfimo contacto con la realidad.
Pablo respiró profundo, y redirigió sus ojos a los de la dueña de las dulces caricias, su hermana pequeña.
Se fundió en ellos perdiendo aún más la noción del tiempo y también la cordura...las agujas del "reloj" se detuvieron, pasaron horas mirándose el uno al otro sin mediar palabra.
Allí, en aquella mirada, encontró su ansiado refugio,además de cariño, comprensión, miedo, tristeza y el mismo sentimiento de vacío que le inundaba a él.
Se preguntó qué iba a ser de él ahora que ya nada tenía sentido, ahora que ya no había motivos ni ilusiones por las que seguir luchando, la persona más importante de su vida había cruzado al otro lado para no volver, y ser consciente de ello le rompía el alma.
Comenzó a llorar desconsoladamente,como si de un niño se tratase,arrodillado ,en aquella oscura y fría habitación de Hospital ,dejando escapar de sus ojos una lágrima por cada momento de felicidad vivida junto a la persona que le dio tanto sin esperar nunca nada a cambio, los cuales fueron muchos y que desgraciadamente ya no volverán...
El "reloj" volvió a ponerse en marcha...Los minutos se convirtieron en horas interminables y allí seguía, sintiéndose solo y totalmente desolado. Durante todo el tiempo su hermana pequeña Lucía, le observó en silencio y dejó que se despidiera por última vez de aquel cuerpo inerte que en su día rebosaba vida y que ahora, ya no poseía nada más que el recuerdo de lo que fue, una imagen que recordar.
Una vez hecho esto, Lucía apretó con firmeza la mano de Pablo, y tirando de ella, le indicó al mismo tiempo con la mirada la puerta entreabierta de la habitación.
Decidió tomar las riendas por una vez y devolverle todos los mimos y cuidados que ahora en en estos momentos le correspondían a él, no iba a dejar que se hundiese en el lodo, no lo permitiría...
Ahora es ella la que ha encontrado un motivo por el que luchar, una ilusión y no descansará hasta conseguir llevar a su hermano hasta LA SALIDA.
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